Saludos apreciado ministro y compañero Luis Miguel De Camps Jiménez. Vaya este espacio, una vez más, como voz de muchos directores de centros educativos públicos del país que, desde la cotidianidad de la escuela, vivimos y sentimos los retos reales de la gestión educativa. Quienes amamos la educación dominicana apostamos a que su gestión marche bien y que al final de su mandato el balance pueda ser positivo para el sistema educativo nacional.
Esta tribuna no tiene como propósito aplaudir ni felicitar por protocolo. Sabemos que, como ocurre con casi todos los funcionarios públicos, siempre habrá en el entorno inmediato quienes aplaudan con entusiasmo permanente, creyendo que con ello contribuyen al buen desempeño de la función pública. Sin embargo, quienes creemos en el valor de la crítica responsable del amigo y coincidente ideológico interno -COMO SOMOS- entendemos que advertir a tiempo sobre las dificultades también es una forma de colaborar con la buena marcha de una gestión.
En ese espíritu nos permitimos llamar su atención sobre un tema crucial para la vida escolar: los insoportables atrasos en el desembolso de los fondos descentralizados que el Ministerio de Educación debe transferir a los centros educativos. Al momento de escribir estas líneas, dichos recursos ya acumulan aproximadamente cinco meses de retraso, correspondientes a noviembre y diciembre de 2025, así como enero, febrero y marzo de 2026, una situación que golpea de manera directa la operatividad de las escuelas.
Para los directores y equipos de gestión, la carga financiera, pedagógica y administrativa se vuelve cuesta arriba cuando no existe disponibilidad económica para atender las necesidades básicas de los centros. En estas circunstancias, el Plan Operativo Anual corre el riesgo de convertirse en letra muerta, mientras las deudas con proveedores se acumulan y muchas actividades pedagógicas pierden el soporte mínimo necesario para ejecutarse con calidad.
Apreciado ministro De Camps, desde esta humilde tribuna apelamos a que esa mala práctica heredada de gestiones anteriores en el MINERD pueda ser erradicada bajo su liderazgo. La descentralización escolar no puede convertirse en un discurso vacío si no está acompañada de la puntualidad en los recursos que permiten a las escuelas funcionar. Mientras aspiramos a incentivos, combustibles por movilidad o reconocimiento por la complejidad de la función directiva, pues no imagina usted la multiplicidad de eventualidades que los directores debemos cubrir con nuestros sueldos, mientras hoy nos encontramos enfrentando el regateo de los fondos básicos que sostienen la gestión diaria.
La lucha cotidiana en nuestras escuelas es intensa, pero está impulsada por la convicción de que la educación sigue siendo el camino más seguro hacia el desarrollo del país. Por eso, hermano ministro y compañero, esta carta pública no pretende ser un reclamo estéril, sino una invitación a mirar con urgencia una realidad que pesa sobre los hombros de cientos de directores y comunidades educativas.
Con respeto institucional, pero con la firmeza que demanda la defensa de la escuela pública dominicana, dejamos planteado este llamado, confiando en que su gestión sabrá escuchar y actuar para que la gestión escolar no siga asfixiada por la falta de recursos que por ley corresponden a nuestros centros educativos.
Franklin Onésimo Tavárez Sánchez
Mi granito de arena R.D.



