Por Franklin Onésimo Tavárez Sánchez,MAE. /MAM.
Hablar del docente innovador no es una consigna de moda ni una frase de manual institucional; es, en el contexto actual, una necesidad impostergable. La Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA), al proyectar su enfoque corporativo hacia el año 2026, parece comprender que el verdadero corazón del sistema universitario no está únicamente en la infraestructura, la tecnología o los procesos administrativos, sino en el rol transformador del profesor que enseña, guía e inspira.
El docente innovador es aquel que entiende que educar en el siglo XXI va mucho más allá de repetir contenidos. Es un profesional que investiga, que se actualiza, que dialoga con la realidad social y que conecta el aula con el mundo. UTESA, al apostar por este perfil, asume el reto de formar educadores capaces de integrar la tecnología con sentido humano, de utilizar plataformas digitales sin perder la cercanía pedagógica y de evaluar no solo conocimientos, sino competencias, valores y pensamiento crítico.
Este nuevo enfoque corporativo apunta, con acierto, a romper esquemas tradicionales que por años han limitado la creatividad docente. La innovación no se impone por decreto; se cultiva creando condiciones favorables: capacitación continua, reconocimiento al mérito académico, estímulo a la investigación aplicada y apertura a nuevas metodologías de enseñanza-aprendizaje. En ese escenario, el docente deja de ser un simple transmisor de información para convertirse en facilitador, mentor y agente de cambio.
No obstante, innovar también implica asumir responsabilidades. El profesor universitario está llamado a desaprender prácticas obsoletas y a vencer resistencias internas. El confort de lo conocido no puede seguir siendo excusa en una sociedad que cambia a un ritmo vertiginoso. UTESA, como sistema, tiene la oportunidad histórica de liderar este proceso, pero el éxito dependerá de la coherencia entre el discurso institucional y las acciones concretas que impacten el día a día del aula.
Desde mi humilde visión —este granito de arena que aporto al debate— considero que el enfoque del docente innovador debe estar acompañado de un fuerte compromiso ético y social. La tecnología sin valores puede deshumanizar la educación. Por ello, formar profesionales competentes, pero también ciudadanos conscientes y solidarios, debe seguir siendo una prioridad irrenunciable para la universidad dominicana.
En definitiva, el año 2026 se presenta como una etapa clave para la Universidad Tecnológica de Santiago. Si el modelo del docente innovador se consolida con planificación, inversión y voluntad real de cambio, UTESA no solo fortalecerá su sistema corporativo, sino que reafirmará su misión de servir al país a través de una educación superior pertinente, moderna y profundamente humana.
Hasta mi próximo granito de arena R.D.
Soy Franklin Onésimo Tavárez Sánchez, MAE. /MAM.



