Por Franklin Onésimo Tavárez Sánchez,MAE. /MAM.
En la historia de la humanidad, pocas relaciones han sido tan duraderas, leales y nobles como la del ser humano con el perro. No se trata solo de una mascota: hablamos de un compañero de vida, un guardián silencioso, un protector fiel, muchas veces más noble que el propio ser humano. Decir que el perro es el mejor amigo del hombre no es solo una frase común: es una verdad cimentada en miles de historias de amor incondicional.
Sin embargo, en muchos de nuestros pueblos y barrios, presenciamos con tristeza cómo estos fieles amigos son maltratados, abandonados o simplemente ignorados. Perros atados con cadenas oxidadas, sin agua, sin comida ni refugio. Cachorros lanzados en fundas a cañadas. Perros golpeados por simple “diversión” o porque “molestan”. Es una expresión brutal del nivel de deshumanización que puede alcanzar una sociedad que ha perdido la empatía.
Maltratar a un perro no solo es un acto de crueldad: es una alerta de lo mal que estamos educando en valores. Quien es incapaz de amar a un animal indefenso, difícilmente será sensible ante el dolor humano. La manera en que tratamos a los animales refleja con precisión la calidad de nuestra alma. Y aquí, las autoridades, las escuelas, las iglesias, los medios y las familias tienen mucho trabajo pendiente.
Debemos promover una cultura de protección y respeto hacia los animales. Las leyes están ahí, pero la voluntad de aplicarlas muchas veces duerme en los escritorios. Las campañas de concienciación son urgentes, así como programas comunitarios que incentiven la adopción, la esterilización y la atención veterinaria básica. Ningún perro debería morir de hambre, frío o soledad en una calle dominicana. Es una deuda moral que cargamos como país.
Hoy, desde esta humilde trinchera de palabras, alzo mi voz por los que no pueden hablar. Por los callejeros con mirada triste, por los fieles guardianes del patio, por los que nos reciben con alegría aunque no tengamos nada. Si un perro puede darlo todo sin pedir nada, ¿qué nos cuesta tratarlos con dignidad? Cuidarlos no nos hace menos humanos. Al contrario, nos eleva.
En la historia de la humanidad, pocas relaciones han sido tan duraderas, leales y nobles como la del ser humano con el perro. No se trata solo de una mascota: hablamos de un compañero de vida, un guardián silencioso, un protector fiel, muchas veces más noble que el propio ser humano. Decir que el perro es el mejor amigo del hombre no es solo una frase común: es una verdad cimentada en miles de historias de amor incondicional.
Sin embargo, en muchos de nuestros pueblos y barrios, presenciamos con tristeza cómo estos fieles amigos son maltratados, abandonados o simplemente ignorados. Perros atados con cadenas oxidadas, sin agua, sin comida ni refugio. Cachorros lanzados en fundas a cañadas. Perros golpeados por simple “diversión” o porque “molestan”. Es una expresión brutal del nivel de deshumanización que puede alcanzar una sociedad que ha perdido la empatía.
Maltratar a un perro no solo es un acto de crueldad: es una alerta de lo mal que estamos educando en valores. Quien es incapaz de amar a un animal indefenso, difícilmente será sensible ante el dolor humano. La manera en que tratamos a los animales refleja con precisión la calidad de nuestra alma. Y aquí, las autoridades, las escuelas, las iglesias, los medios y las familias tienen mucho trabajo pendiente.
Debemos promover una cultura de protección y respeto hacia los animales. Las leyes están ahí, pero la voluntad de aplicarlas muchas veces duerme en los escritorios. Las campañas de concienciación son urgentes, así como programas comunitarios que incentiven la adopción, la esterilización y la atención veterinaria básica. Ningún perro debería morir de hambre, frío o soledad en una calle dominicana. Es una deuda moral que cargamos como país.
Hoy, desde esta humilde trinchera de palabras, alzo mi voz por los que no pueden hablar. Por los callejeros con mirada triste, por los fieles guardianes del patio, por los que nos reciben con alegría aunque no tengamos nada. Si un perro puede darlo todo sin pedir nada, ¿qué nos cuesta tratarlos con dignidad? Cuidarlos no nos hace menos humanos. Al contrario, nos eleva.
Hasta otro próximo granito de arena R.D-



