La reciente #OrdenDepartamental11-2026 abre un debate necesario y urgente sobre el uso de celulares en manos de menores de edad dentro del entorno escolar. Durante años, la sociedad ha querido colocar sobre los hombros de la escuela responsabilidades que nacen en el hogar, olvidando que cada dispositivo que llega a las manos de un niño fue comprado, autorizado y activado por un adulto. No podemos exigir disciplina digital en las aulas, mientras en casa se fomenta el uso indiscriminado de la tecnología sin supervisión ni límites.
La educación moderna enfrenta desafíos que van mucho más allá de enseñar matemáticas o lengua española. Hoy, los docentes compiten con redes sociales, videojuegos, contenido inapropiado y distracciones permanentes que afectan la concentración, la convivencia y hasta la salud emocional de los estudiantes. Pretender que el maestro controle en unas pocas horas lo que la familia permite durante todo el día, resulta injusto y poco realista. Educar sigue siendo una tarea compartida.
Muchos padres entregan celulares a sus hijos como símbolo de modernidad o comodidad, sin detenerse a pensar en los peligros ocultos detrás de una pantalla. El acceso temprano a contenidos violentos, la dependencia digital, el ciberacoso y la pérdida de interacción humana son realidades que ya están golpeando a nuestra juventud. Luego, cuando aparecen las consecuencias, se espera que sea la escuela quien resuelva el problema. Esa visión debe cambiar.
La Orden Departamental no busca castigar ni retroceder en el tiempo; procura establecer límites razonables para proteger el proceso educativo y rescatar la atención de nuestros estudiantes. La tecnología puede ser una aliada extraordinaria cuando se usa con propósito pedagógico y supervisión adecuada. Sin embargo, cuando desplaza el aprendizaje, rompe la disciplina y debilita la comunicación familiar, corresponde actuar con responsabilidad y firmeza.
Mi granito de arena RD entiende que esta medida debe convertirse en una oportunidad para reflexionar como sociedad. Padres, maestros, autoridades y estudiantes necesitamos reencontrarnos en una misma dirección: formar ciudadanos conscientes, equilibrados y preparados para el futuro. Porque antes de señalar a la escuela, debemos recordar que toda educación comienza en el hogar, y que ningún dispositivo será jamás más poderoso que la orientación responsable de una familia presente.



