Villa Los Almácigos, Santiago Rodríguez, República Dominicana. – Hay partidas que estremecen más allá del círculo familiar y penetran el alma de un pueblo. El fallecimiento de la directora María Fernández constituye uno de esos acontecimientos dolorosos que dejan un vacío difícil de llenar en la comunidad educativa y en la sociedad villalmaciguense. Hoy, desde esta tribuna responsable y solidaria de FOTS DOMINICANA MEDIOS, elevamos una reflexión sentida, como humilde granito de arena ante una pérdida que nos duele profundamente.
A María Fernández la conocimos en nuestra condición de vocero comunicacional para el Cibao de la Asociación Nacional de Directores de Centros Educativos, coincidiendo en Santo Domingo en el marco del Congreso Nacional de nuestro gremio ASONADEDI. Allí pudimos apreciar a una mujer madura, llena de vida, de trato afable y mirada serena, con grandes planes para su centro y para la educación pública dominicana. No era solo una directora en funciones; era una líder con vocación de servicio, comprometida con la transformación social desde las aulas.
Esa vocación quedó aún más evidenciada cuando, en un momento de tensión institucional, nos correspondió brindar apoyo gremial a una colega directora del Liceo Pedro Henríquez Ureña, frente a presiones de grupos políticos y algunos familiares en el contexto de una intoxicación producida por menores infractores. María Fernández se mantuvo firme en la defensa de la institucionalidad, de la dignidad magisterial y del debido proceso. Su solidaridad no fue retórica; fue acción concreta, prudente y valiente. En ella corroboramos bondad, empatía y un sentido ético que honraba la investidura que ostentaba.
Su partida repentina, tras un aparente paro en medio de un procedimiento quirúrgico, ha estremecido a Villa Los Almácigos. Los actos mortuorios y las manifestaciones de duelo en los días de novenario han sido testimonio palpable de una comunidad unida, de una clase magisterial cohesionada y de un pueblo que sabe agradecer a quienes sirven con entrega. En el dolor compartido se ha revelado la grandeza de su legado y la huella imborrable que dejó en colegas, estudiantes y familias.
La muerte, aunque inevitable, siempre resulta inoportuna cuando arrebata a quienes aún tenían tanto por ofrecer. María Fernández partió en plena madurez productiva, con proyectos en marcha y sueños que apuntaban a fortalecer la calidad educativa en su entorno. Su ejemplo nos convoca a reflexionar sobre la fragilidad de la vida y sobre la responsabilidad que tenemos de dignificar cada día el ejercicio profesional, honrando la misión formadora que nos ha sido confiada.
Desde este espacio editorial, remitimos nuestra solidaridad sincera a sus deudos, a sus compañeros de labores y a toda la comunidad de Villa Los Almácigos. Que el consuelo divino abrace a su familia y que su memoria se convierta en estímulo para continuar construyendo una educación más humana, más justa y más comprometida con el desarrollo integral de nuestros pueblos.
Hasta mi próximo granito de arena R.D.
Soy Franklin Onésimo Tavárez Sánchez, MAE. /MAM.


