Por Franklin Onésimo Tavárez Sánchez, MAE. /MAM.
Hablar de Raymundo Infante es evocar a uno de los más genuinos exponentes del periodismo profesional del interior del país. Desde Sabaneta, en Santiago Rodríguez, ha levantado una carrera coherente, digna y apegada a los más altos estándares éticos del oficio. Quien lo escucha sabe que está frente a un periodista a tiempo completo, que no improvisa y que respeta a su audiencia.
Su paso por la radio y la televisión marcó el inicio de una nueva etapa comunicacional en su provincia. Raymundo supo entender los cambios tecnológicos antes que muchos, y dio el salto oportuno hacia las plataformas digitales. Gracias a ello, sus informaciones llegan hoy a miles de personas en el país y el exterior, convirtiéndose en referencia obligada para quienes quieren saber qué pasa en el noroeste.
Pero más allá del periodista, hablamos del ser humano: emprendedor, esposo, padre, abuelo, hijo y amigo. Su estilo bonachón, cercano y respetuoso le ha ganado el cariño de sus compueblanos y el respeto de sus colegas. Raymundo no solo informa: acompaña, interpreta y construye comunidad con cada palabra que emite. Esa es la diferencia entre un locutor cualquiera y un verdadero comunicador.
Ya es hora de reconocer que su labor ha trascendido lo local. Raymundo Infante es marca provincia, pero también patrimonio comunicacional de toda la República Dominicana. Su coherencia y su ejemplo deben ser inspiración para las nuevas generaciones que sueñan con incursionar en los medios. Porque sí se puede hacer periodismo serio, profesional y humano desde cualquier rincón del país.
Desde mi rincón de reflexión, digo con orgullo que Raymundo Infante es uno de esos dominicanos que nos pertenece a todos. Su voz es voz de pueblo, de decencia y de verdad. En tiempos donde abunda el ruido, él sigue siendo palabra clara. Gracias por tanto, maestro.
Hasta otro próximo granito de arena R.D.





