Monción y Cacique, excelentes espacios para turismo interno y la presa es espacio obligado

Eran las diez y treinta minutos de un sábado extraordinario, mi familia y yo abordamos el vehículo rumbo a la capital del casabe, dos medios de transportes más completaban la caravana ( en ellos iban cuñados, suegros, concuñados y otros consanguíneos políticos, entre ellos, la cuñada festejada ).

En el trayecto disfrutamos una vista panorámica extraordinaria hasta llegar al puesto de chequeo ubicado en la salida de Mao en frontera con la provincia  Santiago Rodríguez, dejamos atrás las tortas de los quemados, sin siquiera mirarlas, doblamos a la izquierda, subimos la cuesta, miramos el excelente paisaje montañoso hasta llegar al lugar donde nos esperaba un suculento menú, del cual la carne de chivo era el epicentro, pero de ese tramo les contaremos en otra crónica.

La una y treinta de una tarde hermosa nos despidió del excelente espacio donde almorzamos y nueva vez en el trío de automóviles volvimos a carretera, pero esta vez para adentrarnos en la hermosa ciudad de Monción que nos esperaba amorosa, con sus laderas y paisajes de ramas abiertas, mientras la carretera de curvas, estrecha y con laterales profundos -peligrosos, nos alertaba de conducir con precaución.

Hicimos una parada para comprar algunas exquisiteces provenientes de la yuca y otros rubros del campo, antes de volver a encender las maquinarias y seguimos adentrándonos hacia la villa de los pinales, a donde llegamos unos minutos después, bordeamos la bifurcación vial e ingresamos por la calle principal en el poblado, donde el cuartel de bomberos, una cooperativa y otros establecimiento nos saludaban, al igual que el parque municipal, amoroso al terminar la colina -en su parte baja.-

Doblamos a la izquierda, pues la presa de Monción era nuestra última parada, nos internamos en una carretera más amplia, menos desafiante, pero solitaria, hasta llegar al bordo de la presa, que con su cauce reducido nos esperaba -Solitaria y poco visitada- en ese instante, cuando el reloj nos gritó que eran las 2:40 minutos de una jornada vespertina  propicia para el turismo.

Todos bajamos raudos desde los centros de moción artificial en que llegamos y como inspirados por resortes procedimos a posar en distintos escenarios, mientras el espacio de vigilancia militar nos decía -como con nostalgia – que a esa hora no tení gendarmes, construimos varios álbumes con los flashes de las cámaras insertadas en los celulares, mientras observamos las fuentes alimentadoras de la presa que llegaban desde lejos a cumplir su cometido.

La ausencia de la lluvia había generado sus estragos y las señales medidoras de la profundidad llenada por el H2O nos contaban como a modo de protesta que el cauce había descendido de modo anormal, ingresamos a las jeepetas y cruzamos el puente estrecho ubicado en la parte alta de aquel reservorio de aguas, mientras pudimos ver a la distancia a los imponentes paisajes naturales, que junto al agua acumulada brindaban un único paisaje visual.

Serían las 3:20 minutos cuando pusimos reversa, no sin antes volver por unas nuevas poses a los lentes por parte de las divas y divas en que nos convertimos en esa jornada maravillosa de turismo interno mientras decíamos adiós a la presa, la cual nos dijo como nostálgica que volviéramos pronto y le contáramos a otros que ella les esperaba y a las autoridades transmitiésemos su clamor urgente de darle mayor mantenimiento y propiciar actividades que aprovechen mejor su acogedor espacio.

…Subimos las carreteras semi-empinadas, dejamos atrás el pueblo, con las panzas aún llenas por el suculento chivo, casabe y extraordinarios moros, arroz blanco que ya previamente habíamos ingerido con glotonería y mientras volvíamos a Valverde, la curvilínea y estrecha carretera que nos acercaba a Cacique nos regaló una lluvia magistral que caía en ese único tramo y las carrocerías de las jeepetas la disfrutaron agradecidas, mientras unos minutos después descendíamos a los quemados, volvíamos a nuestra provincia y casa, felices de saber que Monción y sus distintos espacios constituyen rutas a las que con frecuencias debemos volver, mientras yo me comprometo a contarles otras crónicas futuras, hilvanadas de este lindo viaje…

Hasta una próxima Crónica de www.franklinonesimotavarezsanchez.com

 

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AUDIO CRUDO

 

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