La educación financiera: una necesidad para el ciudadano, ante un mundo en que “Quien no debe, no es”.AUDIO

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santiago-a-pena-taveras-1Santiago A. Pena Taveras///EPC DOMINICANA-MEDIOS

Parte 2

Las campañas publicitarias educativas que realizan organismos del gobierno que tienen que ver con el manejo y regulación de las finanzas del Estado (Banco Central, Banco de Reservas, Súper Intendencia de Bancos), así como con la regulación y control de las instituciones que ofrecen a la ciudadanía y al comercio servicios financieros  particulares, son una muestra de la necesidad de formación en esta materia que tiene   la población.

Igual ocurre con la educación vial como se plantea en una de las publicaciones anteriores, con las campañas publicitarias que en el ámbito de la educación son realizadas por la Presidencia de la República, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones, la Autoridad Metropolitana de Transporte y otras. Nunca estas campañas llenarán el vacío que existe en este sentido, deben ser acciones más sistemáticas, que sean parte de la educación y formación integral de las personas.

Es importante destacar las diferencias que existen entre la necesidad de la educación financiera y la vial, pues mientras las relaciones que se establecen entre las partes en el caso de la primera son mayormente de ámbito privado y particular; en el caso de la segunda, es decir de la educación vial, las vinculaciones entre las partes, son mayormente de Orden público, o sea de interés público, ya que incumben  a todos los ciudadanos. Sin pretender entrar en su análisis, estas diferencias no afectan ni otorgan más o menos importancia a una y a otra.

Es el momento de la Educación Financiera, de desarrollar competencias, sino como asignatura, mediante  la introducción de ejes temáticos específicos. Es el momento de poner en marcha acciones que preparen a nuestra gente para desenvolverse en medio de las complejidades de este mundo. Como economía emergente preparémonos para competir, preparando a la ciudadanía, preparamos al país.  No esperemos a un día en el que nuestro país se integre a la prueba PISA  de educación financiera, para entonces compararnos con los demás y comenzar a lamentarnos. Es ahora, no pretendamos luego recorrer en breve tiempo el camino que otros tienen años recorriéndolo.

Formación tributaria

Junto a la educación financiera que importa a cada individuo, no se puede dejar de tocar la formación tributaria por y para el Estado y por ende para los ciudadanos en el rol de tributarios y a la vez beneficiario de ese Estado. El tributo, según lo define la trigésima edición en línea del diccionario de la Real Academia Española de la Lengua se considera como: obligación dineraria establecida por ley, cuyo importe se destina al sostenimiento de las cargas públicas.

Nuestro país, como subdesarrollado, se caracteriza por la presencia permanente y sistemática de la evasión fiscal, los ciudadanos que desarrollan actividades de manera independiente potencian al máximo su ingenio para evitar hasta donde sea posible el pago de las obligaciones tributarias. Ello forma parte de nuestra cultura, pues se ve al Estado, no como un ente de servicio a la población, sino como organismo que busca la manera de nutrirse o lucrarse con las contribuciones de los ciudadanos, de lo cual algunos “privilegiados” se aprovechan manejando recursos a su antojo, regularmente protegidos por la impunidad, sin la obligación de rendir cuentas como funcionarios públicos que son.

La cultura de la evasión se da por varias razones, un Estado que no exige lo que tiene que exigir y/o lo hace de manera selectiva, de lo cual se percata la población y busca la manera de no cumplir con su obligación. En segundo lugar, la incredulidad de los tributantes por la desconfianza en el Estado y el mal uso de los recursos que de ante mano presumen que este haga. En tercer lugar la ausencia de leyes, normas y mecanismos que garanticen a los organismos correspondientes la captación adecuada de los recursos. Esto se puede resumir en una expresión, falta de institucionalidad, con la consiguiente secuela: la corrupción pública.

La situación descrita perjudica y beneficia a unos y a otros. Es como una relación comensal entre ambas partes, por un lado el Estado y por el otro la población que de manera individual se beneficia, pero ese beneficio es en perjuicio de la colectividad. El beneficio del Estado (de los gobernantes), es que a cambio de ser permisivos con ciertos sectores de la población, de “hacerse de la vista gorda” dispone de  un espacio que le permite manejar los recursos que capta a su antojo, sin tener que rendir cuenta a los ciudadanos. En la posición contraria, los ciudadanos, los de más poder e influencia en el medio social, los beneficiarios de la evasión, no exigen esa rendición, dejando al Estado manejar los recursos a sus anchas, a cambio de que ese Estado permisivo le permita también actuar a sus anchas.

La mayor parte de la ciudadanía es la perjudicada, ante cuya situación no reacciona y si lo hace esa reacción es opacada y/o debilitada por las fuerzas beneficiarias de ese estado de cosas. Todo ello es posible a la falta de conciencia ciudadana, a la falta de una cultura tributaria, lo cual puede lograrse a través de la educación integral de la población.

No creo que realmente interese que se desarrolle esa conciencia y esa cultura, pues si bien por un lado aumentan los tributos, ello traería consigo la exigencia de parte de la población para que el Estado cumpla su rol de garantizar servicios y de rendición de cuentas sobre lo que recauda, lo que gasta y cómo lo gasta. Entonces los que manejan el Estado tendrían que dejar de actuar a sus anchas.-Termina la cita,

 

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